Migraña: en qué se diferencia de un dolor de cabeza normal
No es un dolor de cabeza fuerte: es una enfermedad neurológica con criterios diagnósticos propios. Cómo reconocerla y qué hay disponible.
La migraña afecta a alrededor del 12% de la población y bastante más a mujeres que a hombres. Sigue estando infradiagnosticada e infratratada, en buena parte porque se confunde con «tener muchos dolores de cabeza».
Qué la distingue
Los criterios internacionales describen crisis de 4 a 72 horas sin tratar, con al menos dos de estas características: dolor de un solo lado, de calidad pulsátil, de intensidad moderada o alta, y que empeora con la actividad física —subir escaleras, agacharse.
Y además al menos uno de estos: náuseas o vómitos, o fotofobia y fonofobia (molestia con la luz y el sonido).
Ese último punto es el que más ayuda a distinguirla: quien tiene migraña busca oscuridad y silencio. La cefalea tensional, en cambio, es un dolor opresivo, en banda alrededor de la cabeza, de ambos lados, que no empeora al moverse y no suele dar náuseas.
Las fases
Pródromos: horas o días antes. Bostezos, antojos, irritabilidad, rigidez de cuello, cambios de humor. Muchos pacientes aprenden a reconocerlos, y eso permite tratar antes.
Aura: la tiene alrededor de un tercio. Suele ser visual —líneas en zigzag, puntos brillantes, pérdida de una parte del campo visual— y dura entre 5 y 60 minutos. También puede ser sensitiva, con hormigueo, o del lenguaje.
Cefalea: el dolor propiamente dicho.
Postdromo: el día siguiente, con agotamiento y dificultad de concentración. Es real y se subestima mucho.
Desencadenantes
Varían mucho de una persona a otra. Los más frecuentes: cambios en el patrón de sueño —tanto dormir poco como dormir de más—, ayuno o saltarse comidas, estrés y, curiosamente, la bajada del estrés (la migraña de fin de semana), cambios hormonales del ciclo menstrual, alcohol —especialmente el vino tinto—, deshidratación, luces intensas o parpadeantes, y cambios bruscos de tiempo.
La única forma fiable de identificar los tuyos es un diario de cefaleas: fecha, duración, intensidad, qué tomaste, qué habías comido, cómo dormiste, en qué momento del ciclo estabas. Con dos o tres meses de registro aparecen patrones que de memoria no se ven, y además es lo que más ayuda al neurólogo.
Qué hay disponible
Aquí es donde más ha cambiado el panorama y donde más gente se está quedando atrás.
Para la crisis: antiinflamatorios en las leves, y triptanes en las moderadas y graves, que son un tratamiento específico de la migraña y funcionan mucho mejor cuanto antes se toman. Hay además familias más recientes.
Preventivo: si tienes cuatro o más crisis al mes, o crisis muy incapacitantes, existe tratamiento preventivo. Además de los fármacos clásicos, hay anticuerpos monoclonales anti-CGRP, desarrollados específicamente para la migraña, y toxina botulínica para la migraña crónica.
Un aviso importante
El abuso de analgésicos provoca cefalea por uso excesivo de medicación. Tomar analgésicos más de 10-15 días al mes de forma sostenida convierte una migraña episódica en un dolor casi diario, y el paciente toma más porque le duele más. Es un círculo frecuente y del que cuesta salir sin ayuda.
Cuándo ir a urgencias
Un dolor de cabeza brusco e intensísimo, «el peor de mi vida», que alcanza el máximo en segundos. Con fiebre y rigidez de nuca. Con pérdida de fuerza, alteración del habla o del nivel de consciencia. Tras un golpe. Un cambio claro de patrón en alguien con migraña conocida, o un primer episodio después de los 50 años.
Y para lo demás: si el dolor de cabeza te condiciona la vida, pide cita. Que sea frecuente no significa que haya que aguantarlo.