Ronquidos: cuándo son solo ruido y cuándo hay que mirarlo
Roncar no siempre es un problema, pero hay señales que conviene no dejar pasar. Qué se puede probar en casa y cuándo toca pedir cita.
Casi todo el mundo ronca alguna noche: un catarro, una copa de más, dormir boca arriba en una postura rara. El ruido, por sí solo, no es una enfermedad. El problema aparece cuando el ronquido es constante, se oye desde otra habitación y viene acompañado de otras cosas que sí merecen una consulta.
Por qué se ronca
El ronquido es un ruido de vibración. Durante el sueño, los músculos de la garganta se relajan y el aire pasa por un conducto más estrecho de lo habitual; los tejidos blandos vibran y suena. Cuanto más estrecho está ese paso, más ruido.
Hay factores que lo empeoran y casi todos son conocidos:
- Dormir boca arriba. La lengua y el paladar caen hacia atrás y cierran aún más el paso.
- El alcohol por la noche. Relaja la musculatura justo cuando menos conviene. Una cena con vino puede convertir a alguien que no ronca en alguien que ronca.
- La nariz taponada. Alergia, resfriado, desviación del tabique. Si el aire no entra bien por arriba, la boca se abre y el ruido se multiplica.
- El peso. El tejido acumulado en la zona del cuello reduce el calibre de la vía aérea.
- El tabaco. Irrita e inflama las mucosas.
- La edad. Con los años el tono muscular baja, también ahí.
Los hombres roncan con más frecuencia que las mujeres, sobre todo a partir de la mediana edad, por diferencias en la anatomía de la vía aérea y en la distribución de la grasa corporal. No es un tópico de chiste de sofá.
Las señales que no son solo ruido
Aquí está lo importante. Un ronquido fuerte y habitual puede ser la punta de algo que se llama apnea del sueño: pausas en la respiración que interrumpen el descanso muchas veces por noche sin que la persona lo recuerde por la mañana. No se diagnostica de oído ni por internet, pero hay pistas que justifican pedir cita:
- Pausas en la respiración mientras duerme, seguidas de un ronquido más fuerte o de un ruido de ahogo. Normalmente lo detecta quien duerme al lado.
- Despertarse de golpe con sensación de falta de aire.
- Sueño no reparador: dormir ocho horas y levantarse como si no hubiera dormido.
- Somnolencia durante el día, sobre todo si le entra el sueño conduciendo o en reuniones.
- Dolor de cabeza al despertar, boca muy seca, irritabilidad o problemas de concentración.
- Tensión arterial alta mal controlada.
Si aparecen varias de estas cosas juntas, lo que toca es hablarlo con el médico de familia, no comprar un aparato. Existen pruebas de sueño sencillas y, si hace falta, tratamientos que funcionan muy bien. La apnea sin tratar tiene consecuencias sobre el corazón y la tensión a largo plazo, así que no es un tema para ir dejando.
Qué se puede probar en casa
Si el ronquido es leve, ocasional y no hay señales de alarma, hay medidas razonables que ayudan bastante:
- Dormir de lado. Es la medida con más recorrido. Cuesta mantener la postura, pero una almohada larga en la espalda o pegada al costado ayuda a no darse la vuelta.
- Revisar la almohada. Demasiado alta o demasiado baja fuerza el cuello y estrecha la vía aérea. Una almohada firme que mantenga la cabeza alineada con la columna suele notarse en pocas noches.
- Elevar un poco el cabecero. Unos centímetros de inclinación de toda la cama, no un montón de cojines bajo la cabeza.
- Cenar pronto y ligero, y dejar el alcohol lejos de la hora de dormir. Es el cambio que más rápido se nota.
- Despejar la nariz. Si hay congestión, los lavados nasales con suero fisiológico antes de acostarse pueden marcar la diferencia. Si la nariz está tapada casi siempre, eso también hay que mirarlo: no es normal.
- Aire de la habitación. Un ambiente muy seco irrita la garganta. Ventilar y no abusar de la calefacción directa sobre la cama ayuda.
Lo que no hace milagros
Las tiras nasales y algunos sprays pueden aliviar si el problema es de congestión, pero no resuelven un ronquido que nace de la garganta. Las férulas de avance mandibular sí son un tratamiento con respaldo, pero son las que indica y ajusta un dentista o un especialista del sueño, no las que se compran a ciegas: mal adaptadas pueden dar problemas de mandíbula. Y las aplicaciones que graban el sueño sirven para tener una idea del ruido, nada más; no diagnostican.
Convivir mientras tanto
El ronquido es un asunto de dos: quien lo produce duerme, quien lo escucha no. Eso desgasta más de lo que parece y acaba derivando en reproches a las tres de la mañana.
Mientras se busca solución, vale todo lo que permita descansar a ambos: unos tapones de espuma o de silicona, dormir en habitaciones separadas algunas noches sin convertirlo en un drama de pareja, o acostarse antes que la otra persona para coger el sueño primero. Dormir separado a ratos no significa que la relación vaya mal; significa que las dos personas necesitan descansar.
Y una última cosa: si él resta importancia al tema, plantéalo por donde de verdad importa, que no es el ruido. Es levantarse cansado, quedarse dormido en el sofá a las nueve y conducir con sueño. Desde ahí se pide cita antes.