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Salud y Belleza

Labios agrietados: por qué se pelan y cómo cuidarlos

Cuando bajan las temperaturas y se enciende la calefacción, los labios se resecan y entran en un círculo de pellejitos y bálsamo cada diez minutos. Así se rompe.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Mujer aplicándose bálsamo en los labios en un día frío
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Empiezan tirantes, luego aparecen los pellejitos y al final te pasas el día con el bálsamo en la mano sin que la cosa mejore. Los labios son de las primeras zonas que acusan el cambio de estación, y muchas veces el problema no es que les falte crema, sino lo que estás haciendo con ellos sin darte cuenta.

Por qué la piel del labio se seca antes que el resto

El labio no tiene glándulas sebáceas, o casi ninguna. Eso significa que no fabrica esa capa de grasa que en el resto de la cara ayuda a retener el agua. Además, la capa córnea es mucho más fina y no hay folículos pilosos. Traducido: pierde humedad a toda velocidad y no tiene forma de reponerla por sí solo.

Por eso basta un rato de viento, una habitación con calefacción a tope o un día en el que has bebido poco para que se noten ásperos. No es falta de vitaminas ni nada dramático: es pura física.

Lo que empeora el asunto sin que lo notes

  • Lamerse los labios. Es el clásico. La saliva alivia dos segundos y al evaporarse se lleva más humedad de la que dejó, además de las enzimas que irritan. Si te descubres haciéndolo, es la primera costumbre que hay que cortar.
  • Arrancar los pellejitos. Nunca sale solo la piel muerta: te llevas tejido vivo, sangra y la grieta tarda días más en cerrar.
  • Respirar por la boca. Con un resfriado o congestión nasal, pasan horas de aire seco por encima. Si duermes así, por la mañana los labios están para llorar.
  • Los bálsamos que pican. Esa sensación de frescor o de hormigueo viene de mentol, alcanfor, fenol o ciertos aromas. Sientes alivio momentáneo, pero son irritantes y alimentan el círculo de aplicar-aplicar-aplicar.
  • Labiales mate de larguísima duración. Muchos llevan alcoholes y pigmentos que resecan. Si los usas a diario y tienes los labios mal, prueba a alternarlos con fórmulas cremosas.
  • El aire muy seco de casa. Con la calefacción encendida, la humedad ambiental baja bastante. Se nota en los labios, en la nariz y en la garganta.

Qué buscar en un bálsamo que funcione

Los productos que realmente reparan hacen dos cosas: sellar para que no se escape el agua y aportar grasas parecidas a las de la piel. En la etiqueta, lo que te interesa:

  • Oclusivos: vaselina (petrolatum), lanolina, ceras, aceite de ricino. Son los que forman la película que impide la evaporación. Un bálsamo espeso a base de vaselina aplicado por la noche hace más que tres cacaos aromatizados durante el día.
  • Emolientes: manteca de karité, escualano, aceites vegetales. Dejan el labio flexible y menos propenso a agrietarse.
  • Humectantes con moderación: glicerina, ácido hialurónico. Atraen agua, pero si el ambiente está muy seco y no hay nada que selle encima, pueden quedarse cortos. Van bien combinados con los anteriores.

¿Y los que llevan filtro solar? En otoño e invierno siguen teniendo sentido, sobre todo si vas a la montaña o pasas horas al aire libre. El labio inferior recibe mucha radiación y es una zona donde el sol acumulado pasa factura a largo plazo.

Exfoliar: casi nunca es la solución

La tentación de frotar para quitar los pellejitos es enorme, y suele salir mal. Sobre un labio agrietado o con heridas, un exfoliante de azúcar solo añade daño. La regla sencilla: si duele, escuece o hay grietas abiertas, nada de exfoliar. Solo hidratar, y con constancia.

Cuando los labios están ya recuperados y solo quedan restos de piel seca, puedes ablandarlos con una capa gruesa de bálsamo durante unos minutos y retirar lo que se desprenda solo con una toallita suave y húmeda, sin insistir.

Una rutina de tres pasos que sí sostiene

  1. Por la noche: capa generosa de un producto oclusivo justo antes de dormir. Son ocho horas sin hablar, comer ni lamerte, el mejor momento para reparar.
  2. Durante el día: bálsamo sin sabor ni efecto frío, después de comer y cada vez que salgas al frío o al viento.
  3. Antes del maquillaje: una prebase de labios hidratante o el propio bálsamo unos minutos antes deja la superficie lisa y evita que el color se agarre a los pellejitos.

Súmale beber agua a lo largo del día y, si el aire de casa está muy seco, un humidificador o simplemente un recipiente con agua cerca del radiador.

Cuándo dejar de probar cremas y consultar

Hay situaciones en las que el bálsamo no es la respuesta y conviene que lo vea un profesional:

  • Grietas o heridas en las comisuras que se abren al abrir la boca y no cierran en varios días.
  • Sequedad intensa que aparece al empezar un tratamiento nuevo: algunos medicamentos resecan mucho los labios. Pregunta en la farmacia o a tu médico antes de cambiar nada por tu cuenta.
  • Inflamación, descamación persistente o picor que no mejora en dos o tres semanas de cuidados.
  • Una lesión, costra o zona endurecida que no se cura, sobre todo en el labio inferior.

En la mayoría de los casos, sin embargo, se arregla con menos cosas y mejor elegidas: un buen oclusivo por la noche, dejar de morder y quitar de la ecuación los productos que pican.

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