Antes de firmar el contrato: las cláusulas que hay que mirar
Te han dicho que sí y te pasan el contrato para que lo firmes hoy mismo. Estas son las cláusulas que conviene leer despacio antes de poner tu nombre.
Llega el momento bueno, el del sí, y con él un PDF de cuatro páginas que casi nadie lee entero. Se firma con prisa, por vergüenza a parecer desconfiada o porque total, «es el contrato estándar». Y ahí, en letra pequeña, es donde están las condiciones que mandarán durante los próximos años.
Pedir un día para leerlo no es desconfianza, es lo normal. Una empresa seria no tiene ningún problema en dártelo.
Empieza por el convenio colectivo
Es el dato más importante y el que menos se mira. El contrato debe indicar qué convenio colectivo se aplica y en qué grupo o categoría profesional te encuadran. De ahí salen el salario mínimo de tu puesto, las horas anuales, los días de vacaciones, los permisos retribuidos, los complementos y los plazos de preaviso.
Con el nombre del convenio puedes buscarlo y leerlo: son públicos. Si lo que te ofrecen está por debajo de lo que marca, el convenio gana, aunque tú hayas firmado otra cosa. Y si ves que te encuadran en una categoría inferior a las funciones que te describieron en la entrevista, pregúntalo antes de firmar, porque esa etiqueta condiciona el sueldo y el futuro.
Las cláusulas que más problemas dan luego
- Periodo de prueba. Durante ese tiempo cualquiera de las dos partes puede romper el contrato sin indemnización y sin preaviso. Manda lo que diga el convenio; el Estatuto de los Trabajadores fija como tope general seis meses para técnicos titulados y dos meses para el resto, ampliables a tres en empresas pequeñas. Si ves un periodo desproporcionado para tu puesto, no es un detalle menor.
- Jornada y distribución irregular. Mira si aparecen las horas semanales, el horario y si la empresa se reserva repartir parte de la jornada de forma irregular a lo largo del año. Esa cláusula, redactada con amplitud, puede significar semanas de doce horas compensadas meses después.
- Disponibilidad y movilidad. Frases del tipo «el trabajador acepta prestar servicios en cualquier centro de la empresa» o «con disponibilidad horaria» son las que después sostienen un cambio de ciudad o de turno.
- Exclusividad o plena dedicación. Te impide compatibilizar otro trabajo. Si es un pacto de plena dedicación, suele llevar aparejada una compensación económica. Si tienes o quieres tener otra actividad, aclara esto antes.
- No competencia una vez terminado el contrato. Es la que más disgustos da. Limita dónde puedes trabajar después de irte. Para ser válida tiene que tener un interés real de la empresa, una duración limitada y, sobre todo, una compensación económica adecuada. Si no hay dinero de por medio, sospecha.
- Pacto de permanencia. Aparece cuando la empresa te paga una formación cara: si te vas antes de X años, devuelves parte. Mira la cifra y el plazo con calma.
El salario: bruto anual y cómo se reparte
Lo que se negocia es el bruto anual, no lo que te llega al banco. Comprueba en cuántas pagas se divide, si las extras van prorrateadas mes a mes (te llega algo más cada mes, pero en junio y diciembre no hay sorpresa) y qué parte es fija y qué parte variable.
Si hay variable, tiene que estar claro de qué depende, quién mide ese objetivo y cuándo se cobra. Un bonus «según resultados de la compañía» y sin criterio escrito es, en la práctica, un regalo que puede no llegar nunca.
Atención también al llamado salario en especie: seguro médico, comida, coche, teléfono. Está muy bien, pero tributa y no es lo mismo que dinero.
Tres preguntas que puedes hacer sin miedo
- ¿Qué convenio se aplica y en qué grupo profesional me encuadráis?
- El teletrabajo, la flexibilidad o el horario de verano que me habéis contado, ¿está por escrito en algún sitio o depende de cada jefe?
- ¿El periodo de prueba es el del convenio o uno pactado aparte?
Las respuestas te dirán tanto como el propio contrato. Si todo lo bueno es verbal y todo lo exigente está escrito, ya sabes.
Después de firmar
Quédate con una copia firmada por las dos partes, junto con el anexo de teletrabajo si lo hay, el acuerdo de confidencialidad y cualquier documento que hayas rubricado. Escanéalo y guárdalo también en tu correo personal, no solo en el del trabajo, porque el día que salgas de la empresa pierdes el acceso. Una carpeta archivadora con tu vida laboral (contratos, nóminas, certificados de formación) te ahorra semanas de búsqueda cuando llegue una reclamación, una hipoteca o el paro.
Y si alguna cláusula te chirría de verdad, un sindicato o un abogado laboralista te la revisan en media hora. Es mucho más barato que descubrirla dos años después, cuando ya no se puede cambiar nada.