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Cocina

Sopas frías más allá del gazpacho: cinco ideas fáciles

Cuando hace calor y no apetece encender el fuego, la batidora resuelve la cena. Cinco sopas frías fáciles, con las proporciones y los trucos para que salgan finas.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Boles de sopa fría de verduras servidos con aceite de oliva y guarnición
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Hay días de julio en los que abrir el armario de las ollas ya da calor. Y ahí la batidora se convierte en la mejor aliada de la cocina: en diez minutos tienes una sopa fría, con verdura de verdad, que se toma a cucharadas o directamente en vaso. El gazpacho es el rey, pero no es el único.

El esquema que sirve para casi todas

Casi cualquier sopa fría se construye igual: una base vegetal que aporta agua y sabor, algo que dé cuerpo, una grasa que redondee y un ácido que despierte todo. Si entiendes esas cuatro piezas, puedes improvisar con lo que tengas en la nevera.

  • Base: tomate, pepino, calabacín cocido, melón, remolacha, guisantes.
  • Cuerpo: pan del día anterior, almendras, patata cocida, yogur, un poco de arroz hervido.
  • Grasa: aceite de oliva virgen extra añadido en hilo al final, con la batidora en marcha, para que emulsione.
  • Ácido y punto: vinagre o limón, sal y, si quieres, un diente de ajo pequeño.

Regla general: sal y ácido siempre al final y en frío, porque el sabor cambia mucho cuando la sopa se enfría de verdad. Lo que en caliente parece equilibrado, a 6 grados sabe soso.

Salmorejo, la versión espesa y sin complicaciones

Tomates maduros, pan, aceite, ajo y sal. Nada más. La proporción cómoda para empezar es un tercio del peso del tomate en pan y un chorro generoso de aceite. El truco está en dejar el pan en remojo con el tomate ya triturado unos minutos antes de dar el batido final: absorbe y luego emulsiona mejor.

Si te queda demasiado espeso, se arregla con agua muy fría, no con más tomate. Y si se corta y hace grumos de aceite, suele ser por batir con el aceite desde el principio o por trabajar con todo templado.

Ajoblanco: el que menos ingredientes pide

Almendra cruda pelada, pan, ajo, agua, aceite, vinagre y sal. Es la sopa fría más golosa de todas y la que más agradece reposar en la nevera unas horas. Cuidado con el ajo: uno pequeño da bastante, y si te asusta, escáldalo un minuto en agua hirviendo para que pierda el picor.

Se sirve con uvas partidas o con melón en dados. Ese contraste dulce es lo que lo hace inolvidable.

Crema fría de melón, pepino y calabacín

Tres ideas rápidas para cuando quieres algo diferente:

  1. Melón con menta: melón muy maduro, un chorrito de lima, un pellizco de sal y unas hojas de hierbabuena. Muy fina, casi como un zumo espeso. Queda bien con virutas de jamón o con queso fresco desmigado.
  2. Pepino y yogur: pepino pelado y sin semillas, yogur natural, un poco de aceite, limón y eneldo o cilantro. Refrescante y con proteína, así que llena más y funciona como cena.
  3. Calabacín asado: asa o saltea el calabacín con cebolleta, deja enfriar y bate con un poco de agua y aceite. Suave, buenísima y perfecta para quien no tolera bien el crudo. Sí hay que encender el fuego, pero solo diez minutos y puedes hacerla la noche anterior.

Textura, frío y conservación

La diferencia entre una sopa fría casera y una de bar suele estar en dos cosas: cuánto se bate y cuánto se enfría.

  • Bate más de lo que crees. Dos o tres minutos seguidos. Una batidora de vaso potente hace el trabajo mucho mejor que la de brazo cuando hay pan o almendra.
  • Pasa por un colador de malla fina si quieres esa textura sedosa. Con el tomate y con la almendra se nota muchísimo.
  • Enfría al menos dos horas. Recién batida está templada por el motor. Si tienes prisa, usa parte del agua en forma de hielo.
  • Se conservan dos o tres días en la nevera, en un recipiente cerrado. Las que llevan lácteo o huevo, mejor consumirlas antes y no dejarlas nunca fuera de la nevera en pleno calor.
  • Congela solo las de verdura cocida. Las crudas pierden textura y se separan al descongelar.

Los toppings, que no son adorno

Una sopa fría sola puede quedarse corta de cena. Lo que va encima es lo que la convierte en plato: huevo duro picado, atún o ventresca, aguacate en dados, tomate cherry, semillas tostadas, garbanzos crujientes, taquitos de pan frito o queso feta. Añádelos justo antes de servir para que no se ablanden.

Un consejo final: haz doble cantidad. Una sopa fría en la nevera es la respuesta a esa hora en la que hace demasiado calor para pensar qué cenar, y también un desayuno salado sorprendentemente bueno en vaso, camino del trabajo.

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