Desayuno del Día del Padre: recetas fáciles y reparto de tareas
Un desayuno especial que se monta en veinte minutos, con recetas a prueba de despistes y tareas para que ayude quien quiera ayudar.
Hay regalos que se abren y se guardan en un cajón, y luego hay una bandeja que entra por la puerta del dormitorio oliendo a tostada caliente. Lo segundo cuesta menos dinero y se recuerda más. Y si lo montas bien la noche anterior, no te comes la mañana entera en la cocina.
Lo que se resuelve la noche antes
El truco de cualquier desayuno «sorpresa» es que a las ocho de la mañana ya no quede casi nada por hacer. Antes de irte a dormir:
- Saca la bandeja, el mantelito y la vajilla y déjalo todo apilado en un rincón de la cocina. Buscar tazas con ruido es lo que despierta a todo el mundo.
- Mezcla lo seco de un bizcocho (harina, azúcar, levadura, una pizca de sal) en un bol tapado, si piensas hornear.
- Bate los huevos con la leche para las tostadas francesas y guárdalo tapado en la nevera.
- Lava la fruta y déjala escurrida. Cortarla lleva dos minutos; lavarla y secarla, diez.
- Prepara el café o el té hasta donde puedas: agua medida, filtro puesto, cápsula fuera del cajón.
Tres recetas que salen bien aunque tengas sueño
Tostadas francesas de pan del día anterior
El pan un poco seco es mejor que el recién hecho: absorbe sin deshacerse. Bate dos huevos con un chorro generoso de leche, una cucharadita de azúcar y canela o vainilla. Empapa las rebanadas por los dos lados sin dejarlas nadando y pásalas por la sartén con un poco de mantequilla, a fuego medio. Cuando estén doradas, un hilo de miel o de sirope por encima y fruta al lado. Es la receta más agradecida que existe: perdona el exceso de leche, el exceso de canela y hasta un despiste con el fuego.
Huevos revueltos cremosos
Aquí solo hay una regla: fuego bajo y paciencia. Bate los huevos con una pizca de sal, échalos en la sartén con mantequilla y remueve casi sin parar, retirando del fuego unos segundos cada vez que veas que cuajan demasiado rápido. Se apartan cuando todavía parecen algo crudos, porque se acaban de hacer con su propio calor. Si quieres darles un aire de desayuno de hotel, una cucharada de queso fresco batido al final los deja sedosos.
Batido de plátano y naranja
Un plátano maduro, el zumo de dos naranjas y, si te apetece, un yogur natural. Se bate y se sirve. Suena a poca cosa y es lo primero que desaparece de la bandeja.
Si ayudan los peques: quién hace qué
Cocinar con niños es maravilloso y es un desastre, casi siempre a la vez. Se lleva mejor si cada uno tiene una tarea suya y ninguna implica fuego ni cuchillos.
- Los más pequeños: batir con varillas manuales, pelar plátanos, colocar la fruta en el plato, doblar la servilleta, hacer el dibujo que va debajo del vaso.
- A partir de seis o siete años: empapar el pan en la mezcla, medir con la taza, exprimir naranjas, pulsar el botón de la batidora contigo al lado.
- Los mayores: pueden encargarse de la sartén si ya lo han hecho antes y tú estás en la cocina. La regla clara: el mango de la sartén siempre girado hacia dentro.
Y una advertencia por experiencia: reparte también la tarea de recoger. Si no, el desayuno sorpresa termina con alguien fregando en pijama y de mal humor.
Montar la bandeja sin que llegue todo frío
El orden importa. Primero pon lo que aguanta: el zumo, la fruta, el pan, la servilleta, la tarjeta. Lo caliente va al final y de un tirón, con las tazas templadas con agua caliente si quieres presumir. Una bandeja de desayuno con patas hace que nadie tenga que sujetarla en equilibrio sobre las rodillas, y evita el clásico café volcado sobre la sábana.
Si veis que la habitación no es el mejor sitio, monta la mesa de la cocina con mantel y sentaos todos. La sorpresa funciona igual y se disfruta más sin migas en la cama.
La versión atajo, sin culpa
Hay mañanas en que no hay cuerpo para batir nada. Vale igual: una buena barra de pan de la panadería, mantequilla, mermelada decente, un queso que le guste, fruta cortada y café bien hecho. Lo que convierte un desayuno en un regalo no es la técnica, es que alguien haya pensado en qué le gusta desayunar y se haya levantado antes.
Y si el plan se lía, siempre queda el comodín: unas tostadas francesas a media tarde también son un regalo.