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Salud y Belleza

Pies listos para las sandalias: rutina sencilla en casa

Después de meses de calcetines y botas, los pies piden atención. Rutina sencilla para talones, uñas y durezas, y las señales que conviene mirar con un podólogo.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Pies descalzos junto a unas sandalias de verano
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Sacas las sandalias del fondo del armario, te las pruebas y ahí están: el talón áspero, alguna dureza en el lateral del dedo pequeño, las uñas con restos de esmalte de hace meses. Es lo normal después de una temporada entera de calcetines y calzado cerrado, y se arregla con menos esfuerzo del que parece.

Por qué los pies acaban así al final del invierno

La piel de la planta y el talón no tiene glándulas sebáceas, así que depende de la hidratación que le demos por fuera. Si además ha pasado meses encerrada, con roce constante, calor y poca ventilación, la respuesta del cuerpo es engrosar: fabricar más capas de piel donde hay presión. De ahí las durezas en los puntos de apoyo y la sequedad en los bordes del talón.

La buena noticia es que la piel del pie responde rápido. Con dos o tres semanas de constancia se nota, sobre todo si lo haces a diario y no en un único intento heroico de domingo.

La rutina, paso a paso

No hace falta montar un spa. Diez minutos cada noche, o incluso cada dos noches, bastan.

  1. Remojo breve. Cinco o diez minutos de agua tibia en un barreño. Ni muy caliente ni media hora: el exceso de agua reblandece pero también reseca. Un puñado de sal gruesa o de bicarbonato es opcional y no obligatorio.
  2. Lima suave. Sobre el pie seco o apenas húmedo, según lo que indique tu lima, pasa una lima de grano medio por el talón y las zonas rugosas, siempre en la misma dirección y sin insistir en un solo punto. Poco y a menudo funciona mucho mejor que arrasar de golpe. Descarta las cuchillas y los cortadores de callos: te llevas piel sana y te expones a una herida.
  3. Crema con constancia. Busca una crema específica de pies, con urea o con ácido láctico, que ablanda la piel engrosada además de hidratar. Aplícala por la noche, insistiendo en talón y bordes, y evita el espacio entre los dedos, que se queda húmedo.
  4. Calcetín encima. Truco viejo y eficaz: crema generosa, un calcetín de algodón y a dormir. Por la mañana la diferencia se toca.

Las uñas

Córtalas rectas, no redondeadas por las esquinas, y sin apurar hasta la carne: es la manera más sencilla de evitar que se claven. Empuja la cutícula con cuidado en lugar de cortarla, y si vas a llevar esmalte, no lo mantengas puesto de forma permanente. Dejar unos días la uña libre entre esmaltados ayuda a ver cómo está de verdad.

Durezas, grietas y rozaduras

Una dureza no aparece por casualidad: marca un punto donde el calzado aprieta o donde el pie apoya de forma desigual. Puedes limarla, pero si vuelve siempre al mismo sitio, el problema está en el zapato o en la pisada, y ahí es donde merece la pena mirar.

Las grietas del talón empiezan como una línea seca y pueden llegar a doler o a sangrar. Cuanto antes te pongas con la crema, más fácil. Si ya están abiertas, no las limes: hidrata, protege y consulta.

Y con el calzado abierto llegan las rozaduras nuevas, porque la tira de una sandalia cae justo donde nunca ha caído nada. Estrena en casa un rato antes de salir con ellas todo el día, lleva un apósito en el bolso los primeros días y, si notas que algo roza, no esperes a que salga la ampolla.

Un par de cosas que se olvidan

  • Protección solar también en el pie. El empeine y la zona del tobillo se queman con facilidad, y son sitios donde nadie se acuerda de echar crema. Si vas a estar horas al aire, inclúyelos.
  • Pie ancho al final del día. Con calor los pies se hinchan un poco, así que comprar sandalias a primera hora de la mañana es la mejor forma de acabar con un número que aprieta. Pruébatelas por la tarde.
  • Hongos y humedad. Piscina, vestuario y ducha compartida piden chanclas. Y secar bien entre los dedos, que es donde se queda el agua.

Cuándo dejar de improvisar y pedir cita

Hay cosas que no se resuelven con lima y crema. Conviene que las vea un podólogo o tu médico:

  • Uñas engrosadas, amarillentas o que se despegan, o descamación y picor persistente entre los dedos.
  • Grietas profundas, que sangran, o cualquier herida que no cierra.
  • Una uña encarnada con enrojecimiento, calor o pus.
  • Dolor al apoyar, en el talón o en la planta, que aparece cada mañana o no se va.
  • Bultos, lunares nuevos o cambios en un lunar del pie.
  • Si tienes diabetes, problemas de circulación o poca sensibilidad en los pies: en ese caso, nada de limar, cortar durezas ni usar callicidas por tu cuenta. La revisión la hace un profesional.

Lo demás es cuestión de repetir. Crema por la noche, lima suave de vez en cuando, uñas rectas y calzado que no apriete. Con eso los pies aguantan bien todo el verano, y el próximo mayo no partirás de cero.

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