Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Pareja e Hijos

Últimas semanas de curso: cómo llegar a junio sin agobios

Exámenes finales, festivales, excursiones y el puzle de julio, todo a la vez. Un plan para las últimas semanas de colegio sin que la casa acabe en modo supervivencia.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Niña con mochila al final del curso escolar
Compartir

Mayo tiene algo tramposo: parece que el curso ya está hecho y en realidad es cuando todo se acumula. Exámenes finales, festival, excursión, la nota de la asociación de familias, el calor que aparece de golpe y unos niños que llegan a casa fundidos. Y encima toca decidir qué pasa en julio. Se puede llevar mejor, pero no a base de fuerza de voluntad: a base de decidir qué importa y qué no.

Por qué estas semanas se hacen cuesta arriba

No es imaginación tuya. En estas semanas se juntan tres cosas: el cansancio de nueve meses, la tensión de los últimos exámenes y una avalancha de actividades extra que se concentran justo ahora porque después ya no hay curso. A eso súmale que con más luz cuesta más irse a la cama y que los cuerpos pequeños con calor duermen peor.

La consecuencia habitual es que se acortan las mechas. Los niños lloran por cosas que en febrero no les afectaban, las tardes se hacen eternas y en casa se discute más. Ayuda mucho nombrarlo en voz alta: «estamos todos cansados, quedan tres semanas, vamos a hacerlo lo más fácil posible». Baja la culpa de todos.

Exámenes y notas: elegir bien la batalla

Si hay finales, la tentación es apretar. Suele salir mal, porque cuando alguien está agotado el rendimiento por hora de estudio cae en picado. Algunas cosas que funcionan mejor:

  • Sesiones cortas y a hora fija. Media hora larga con la mesa despejada rinde más que dos horas de arrastre con el móvil al lado.
  • Un solo objetivo por tarde: repasar los temas 4 y 5, no «estudiar sociales».
  • No negociar el sueño. Es lo primero que se sacrifica y lo que más se nota al día siguiente.
  • Separar la nota de la persona. «Has trabajado bien» y «has sacado un 9» no son lo mismo, y conviene que ellos también lo distingan.

Y si el curso viene torcido, estas semanas no lo van a arreglar. Es mejor hablar con el tutor o la tutora antes de que cierren notas, preguntar qué recomiendan para el verano y planificar con calma que exigir un milagro en junio.

El bombardeo de festivales, excursiones y regalos

Aquí es donde se va la energía sin que te des cuenta: el disfraz para el festival, la camiseta del color que toca, la fiambrera para la excursión, el bote para el regalo de la profe, el álbum de fotos colectivo, la merienda de despedida. Nadie te ha preguntado si te venía bien.

Dos decisiones que quitan mucho peso:

  • No tienes que estar en todo. Elige lo que de verdad le importa a tu hijo o hija (normalmente el festival y poco más) y en el resto colabora si puedes o di que no sin dar explicaciones largas.
  • Simplifica los disfraces. Casi todos se resuelven con ropa que ya hay en casa y una tela de color. Cosiendo a las once de la noche no gana nadie.

Sobre el regalo a los profesores: lo que suele agradecerse más es algo colectivo, sencillo y sin compromiso de gasto para las familias que no pueden. Si te toca organizarlo, pon una cantidad baja y deja claro que aportar es voluntario.

El puzle de julio, mejor ahora que el último día

El colegio cierra mucho antes que tu trabajo, y ese desajuste no se resuelve improvisando. Merece la pena sentarse un rato y poner sobre la mesa, semana por semana, quién cubre qué: días de vacaciones tuyos y de la otra persona con la que compartas la crianza, campamentos del ayuntamiento o del club, abuelos o familia si están disponibles y quieren, y esos días huérfanos que habrá que resolver con reducción, teletrabajo o intercambio con otras familias.

Escribirlo en un sitio visible ahorra media docena de discusiones. Nosotras somos partidarias de lo analógico: una pizarra magnética para la nevera con las semanas de julio y agosto y el nombre de quién está a cargo cada día. Se ve de un vistazo y no hay que abrir ninguna app para discutir.

Pregunta también a tus hijos qué les apetece. Un campamento elegido por ellos se lleva infinitamente mejor que uno impuesto, y a partir de cierta edad muchos prefieren pocas actividades y más tiempo libre.

Cerrar el curso de verdad

El último día, resiste la tentación de vaciar la mochila y olvidarla. Diez minutos bastan para tirar lo que no sirve, guardar lo que se puede reutilizar en septiembre y anotar qué material habrá que reponer. Revisa también la ropa de verano antes de que llegue el primer día de piscina, no el mismo día.

Y márcalo con algo: un helado, una cena de las que les gustan, un baño a última hora de la tarde. Los niños necesitan sentir que el curso se ha terminado, igual que tú. No hace falta que sea grande; hace falta que sea claro.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar