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Salud y Belleza

Remineralizar el esmalte: qué puede y qué no puede hacer la comida

El esmalte no se regenera, pero sí puede recuperar mineral cuando la lesión es superficial. Qué ayuda de verdad y dónde está el límite.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Remineralizar el esmalte: qué puede y qué no puede hacer la comida
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El esmalte es el tejido más duro del cuerpo y tiene una particularidad: no está vivo. No hay células dentro que lo reparen, así que una vez perdido no vuelve a crecer. Pero sí ocurre otra cosa, y es donde está el matiz interesante.

Desmineralizar y remineralizar

Cada vez que comes algo, las bacterias de la boca fermentan los azúcares y producen ácido. Ese ácido disuelve calcio y fosfato del esmalte: es la desmineralización. Después, la saliva neutraliza el ácido y devuelve minerales a la superficie: es la remineralización.

En una boca sana ese vaivén está equilibrado. La caries aparece cuando la balanza se inclina de forma sostenida hacia el primer lado. Y una lesión inicial —esa mancha blanca opaca que a veces se ve en el borde de la encía— todavía puede recuperar mineral. Una cavidad ya formada, no: ahí ya no hay estructura sobre la que depositar nada, y eso lo arregla el dentista.

Qué ayuda de verdad

El flúor es, con diferencia, lo que más evidencia tiene. No solo aporta mineral: forma fluorapatita, un compuesto más resistente al ácido que el esmalte original. Por eso la pasta con flúor es la medida preventiva de mayor impacto que existe, y por eso no conviene enjuagarse con mucha agua después de cepillarse: se arrastra justo lo que tiene que quedarse actuando.

La saliva es el otro gran factor, y el más ignorado. Es la que aporta calcio y fosfato y neutraliza el ácido. Todo lo que reduce la saliva —ciertos medicamentos, respirar por la boca, deshidratación— aumenta el riesgo de caries de forma notable. Beber agua a menudo hace más de lo que parece.

Los lácteos aportan calcio, fosfato y caseína, que ayuda a fijarlos en la superficie del diente. El queso curado además estimula la saliva y sube el pH: por eso terminar una comida con un trozo de queso es una costumbre con más sentido del que parece.

El factor que más pesa no es qué comes

Es cuántas veces. Cada ingesta abre una ventana de acidez de unos veinte o treinta minutos. Comer un dulce entero de una vez es mucho menos dañino que picotear cinco veces a lo largo de la tarde, aunque la cantidad total de azúcar sea la misma. Y lo mismo vale para las bebidas: ir dando sorbos a un refresco durante dos horas mantiene la boca ácida todo ese tiempo.

Los ácidos directos también cuentan: refrescos, zumos cítricos, vinagre, bebidas isotónicas. Tras algo muy ácido, lo peor que se puede hacer es cepillarse inmediatamente, porque el esmalte está momentáneamente reblandecido y se cepilla fuera. Hay que esperar media hora y, mientras, enjuagarse con agua.

Lo que no funciona

Circulan dietas y protocolos que prometen «revertir las caries» comiendo de determinada manera. Una cavidad formada no se cierra sola por mucho lácteo, aceite de coco o eliminación de cereales que se haga. Retrasar la visita al dentista confiando en eso es la forma más segura de que una obturación pequeña acabe en endodoncia.

Lo que sí conviene hacer

Pasta con flúor dos veces al día, escupir sin enjuagar, limitar el número de ingestas más que la cantidad, agua entre comidas, y revisión periódica. Si el dentista detecta una mancha blanca, hay margen para actuar; si detecta una cavidad, cuanto antes se trate, menos diente se pierde.

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