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Salud y Belleza

Los ojos a partir de los 40: por qué molesta más la luz

El deslumbramiento al conducir de noche y la fatiga con las pantallas tienen explicación fisiológica. Qué es normal y qué merece revisión.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Los ojos a partir de los 40: por qué molesta más la luz
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Alrededor de los cuarenta empiezan a coincidir varios cambios en el ojo. Ninguno es una enfermedad, pero juntos explican por qué de repente molesta la luz del supermercado, cuesta conducir de noche y las pantallas cansan más que antes.

Qué está cambiando

El cristalino se endurece y amarillea. Es el mismo proceso que provoca la presbicia —la vista cansada—: la lente pierde elasticidad y ya no enfoca de cerca. Además dispersa más la luz que entra, y esa dispersión es lo que se percibe como halos y deslumbramiento.

La pupila reacciona más despacio. El ajuste al pasar de la luz a la penumbra tarda más, y por eso entrar en un aparcamiento oscuro o salir de un túnel resulta más incómodo que antes.

La película lagrimal se altera. Este es el factor más subestimado. Con la edad —y de forma marcada en la perimenopausia, por el cambio hormonal— la lágrima pierde calidad. Un ojo seco dispersa la luz y da sensación de deslumbramiento, escozor y visión que fluctúa a lo largo del día.

El deslumbramiento al conducir de noche

Es la queja más frecuente, y se ha agravado por algo ajeno al ojo: los faros LED y de xenón de los coches modernos son mucho más intensos que los halógenos de hace veinte años.

Qué ayuda: llevar el parabrisas impecable por dentro —la suciedad interior dispersa muchísimo la luz—, no mirar directamente a los faros que vienen de frente sino a la línea derecha de la calzada, y llevar las gafas graduadas limpias y con tratamiento antirreflejante.

Lo que no funciona: las gafas de conducción nocturna con lente amarilla. Se venden mucho y los estudios no encuentran beneficio; de hecho reducen la cantidad de luz que llega al ojo, que es lo contrario de lo que hace falta de noche.

Las pantallas

La fatiga visual digital no daña el ojo, pero es real e incómoda. La causa principal no es la luz azul —cuyo efecto está bastante sobredimensionado en el marketing— sino que al mirar una pantalla parpadeamos mucho menos, hasta un tercio de lo normal, y el ojo se seca.

La regla 20-20-20 sigue siendo lo mejor: cada 20 minutos, mirar algo a unos 6 metros durante 20 segundos. Y parpadear conscientemente, que suena ridículo y funciona.

Qué hacer

  • Gafas de sol de calidad, con protección UV400 certificada, también en invierno y en días nublados. La radiación ultravioleta acelera la formación de cataratas y las lesiones en la retina. Unas gafas de sol polarizadas reducen además los reflejos del asfalto y del agua, que es donde más molesta.
  • Lágrimas artificiales sin conservantes si hay sequedad, y consultar si es persistente.
  • Humedad ambiental: el aire acondicionado y la calefacción resecan mucho.
  • Iluminación indirecta al leer o trabajar, y evitar la pantalla como única fuente de luz en una habitación a oscuras.

A partir de los 40 conviene una revisión periódica aunque no haya síntomas, principalmente para medir la presión intraocular: el glaucoma no da síntomas hasta fases avanzadas y es la principal causa de ceguera irreversible evitable.

Y sin esperar si aparece: pérdida brusca de visión, moscas volantes que aumentan de golpe, destellos de luz, una cortina o sombra en el campo visual, dolor ocular intenso con ojo rojo, visión doble, o si el deslumbramiento empeora rápido en pocos meses —eso puede indicar una catarata en evolución, que tiene solución quirúrgica y muy buenos resultados.

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