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Pareja e Hijos

Eyaculación precoz: qué es de verdad y qué se puede hacer

Es la disfunción sexual masculina más frecuente y una de las que mejor responden al tratamiento. Las técnicas que funcionan y las que no.

Por Redacción· · 3 min de lectura
retrasar la eyaculación
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Es la disfunción sexual masculina más frecuente —afecta a una proporción alta de hombres en algún momento— y también una de las que mejor responden al tratamiento. Lo que más la agrava es el silencio y la ansiedad que genera.

Qué se considera

Las definiciones clínicas manejan tres criterios: eyaculación que ocurre siempre o casi siempre en el primer minuto tras la penetración, incapacidad para retrasarla, y malestar personal o interpersonal derivado.

El tercer criterio es importante: si no hay malestar, no hay problema que tratar. Y muchas de las consultas por este motivo vienen de una expectativa irreal sobre cuánto «debería» durar, alimentada en buena parte por la pornografía. La duración media real está bastante lejos de lo que mucha gente cree.

Se distinguen dos formas: la primaria, presente desde las primeras relaciones, y la adquirida, que aparece después de un periodo normal. La segunda suele tener causas identificables y a menudo se resuelve al tratarlas.

Causas

No es «falta de control» ni un problema de voluntad. Intervienen factores neurobiológicos —hay diferencias en la sensibilidad de los receptores de serotonina— junto a factores psicológicos: ansiedad de rendimiento, aprendizaje temprano en situaciones de prisa, estrés o problemas de pareja.

En la forma adquirida conviene descartar causas médicas: prostatitis, alteraciones tiroideas, disfunción eréctil —a veces se eyacula rápido por miedo a perder la erección— y algunos fármacos.

Las técnicas que funcionan

Parada y arranque. Detener la estimulación al notar que se acerca el punto de no retorno, esperar a que baje la sensación, y reanudar. Se practica primero en solitario y después en pareja. El objetivo es aprender a reconocer las señales previas, que es lo que permite anticiparse.

Técnica de compresión. Similar, añadiendo una presión firme en la base del glande durante unos segundos para reducir la excitación.

Ejercicios del suelo pélvico. Sí, también en hombres. Hay ensayos que muestran mejoría del control con entrenamiento de la musculatura perineal, y es una intervención sin efectos adversos.

Reducir la ansiedad de rendimiento. Es el círculo central: la preocupación por eyacular pronto activa el sistema simpático, que es justo el que precipita la eyaculación. Quitar el foco del resultado —cambiar el objetivo de «durar» a «disfrutar»— es parte del tratamiento, no un consuelo.

Otras opciones

Existen anestésicos tópicos en crema o spray, que reducen la sensibilidad. Se aplican con antelación y hay que retirar el exceso para no anestesiar también a la pareja. Y existe tratamiento farmacológico oral con indicación específica para esto, que prescribe un médico. Nada de esto se automedica.

Lo que no funciona

Pensar en otra cosa durante la relación —desconecta y empeora la experiencia para ambos—, el alcohol como estrategia, los preservativos gruesos como única solución, o simplemente evitar las relaciones, que es la salida más frecuente y la que más deteriora la pareja.

El papel de la pareja

Es determinante, y no como espectadora. Las técnicas funcionan mucho mejor practicadas en pareja, sin reproche y sin convertir cada encuentro en un examen. Presionar o mostrar decepción alimenta la ansiedad que causa el problema.

Cuándo consultar

Cuando genera malestar, cuando aparece de forma nueva tras un periodo normal, o cuando afecta a la relación. La urología y la terapia sexual abordan esto de forma habitual, y las tasas de mejoría son altas. Es de esas cosas donde el mayor obstáculo es pedir la cita.

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