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Chaqueta de entretiempo para él: cómo elegir la que usará

Febrero se acaba, el plumas sobra a mediodía y la sudadera no llega. Guía para acertar con la chaqueta de entretiempo masculina y que no acabe en el fondo del armario.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Hombre con chaqueta ligera de entretiempo en la calle
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Hay una franja del año en la que el armario masculino se queda mudo: el plumas da calor a las dos de la tarde, la sudadera se queda corta a las nueve de la noche y en el paraguero solo hay un chubasquero de hace diez años. Es justo ahora, cuando el invierno afloja. Si te ha pedido opinión, si estás pensando en un regalo o si simplemente quieres entender por qué siempre acaba saliendo con lo mismo, esto va de acertar con la chaqueta de entretiempo.

Por qué esa prenda falla tanto

La chaqueta de entretiempo tiene un problema de diseño de partida: se compra pensando en un día concreto (uno de sol, normalmente) y se usa durante dos meses de tiempo cambiante. De ahí que muchas terminen colgadas sin estrenar apenas.

Las tres razones habituales del fracaso son casi siempre las mismas:

  • Es demasiado fina o demasiado gruesa. Si no aguanta un viento de tarde, se queda en casa; si abriga como un abrigo, se queda también.
  • No pega con nada de lo que ya tiene. Una prenda muy marcada de estilo o de color solo funciona si el resto del armario acompaña.
  • No es cómoda. Mangas que tiran al conducir, cuello que roza, bolsillos donde no cabe el móvil. Detalles pequeños que condenan la prenda.

Los cuatro tipos que casi nunca decepcionan

No hace falta inventar nada: hay cuatro formatos que llevan décadas funcionando y que se diferencian sobre todo por el grado de formalidad.

La sobrecamisa

Es la más versátil y la que menos compromete. Se lleva abierta sobre camiseta, cerrada como chaqueta o incluso sobre una camisa fina. Funciona con vaqueros y con pantalón de vestir informal, y no da la sensación de "prenda de abrigo", así que se usa dentro y fuera de casa. Si dudas entre varias opciones, una sobrecamisa de algodón en color neutro es la apuesta más segura.

La harrington o la bomber

Cortas, con cintura y puños elásticos, cortan el aire mucho mejor de lo que parece. Sientan bien a la mayoría porque marcan hombro y no alargan la figura hacia abajo. Ojo con las bomber muy brillantes o con demasiados detalles: envejecen rápido.

La acolchada fina

Ese chaleco o chaqueta de acolchado ligero, sin volumen, que sirve para ir en bici, para el frío de primera hora y para meter debajo de un abrigo si vuelve el invierno. Es la opción más práctica y la que menos ocupa cuando hay que guardarla.

La gabardina o parka corta

Para quien va a la oficina con camisa o necesita algo que resista lluvia sin parecer ropa de montaña. Aquí importa el largo: por encima de la rodilla es más fácil de llevar en el día a día.

La talla: donde se decide todo

Una chaqueta de entretiempo tiene que dejar sitio a una camiseta y a un jersey fino, pero sin sobrar por todos lados. Cuatro comprobaciones rápidas:

  1. La costura del hombro debe caer donde acaba el hombro, no a mitad del brazo (salvo que el diseño sea intencionadamente holgado).
  2. La manga llega al hueso de la muñeca. Si tapa media mano, sobra.
  3. Cerrada, se puede abrazar a alguien sin que tire de la espalda. Es la prueba más honesta.
  4. Con jersey debajo, sigue cerrando sin arrugas en horizontal en el pecho.

Si vas a comprar sin él delante, mira la etiqueta de una chaqueta que ya use y le siente bien: es más fiable que la talla que él te diga de memoria.

Tejidos y colores que no se quedan a medias

Para esta época del año, el algodón de gramaje medio, la mezcla con nailon y el tejido técnico ligero son lo más razonable: aguantan viento y una llovizna, y se lavan sin dramas. Las prendas de lana quedan bonitas pero suelen abrigar más de lo que hace falta a mediodía.

En color, lo que más se usa siempre es lo más sencillo: azul marino, caqui, gris, beige, negro. No es falta de imaginación, es que combinan con todo lo que ya hay dentro del armario. Si le gusta arriesgar, mejor arriesgar en la camiseta que en la chaqueta, que es la prenda más caras de renovar.

Y aprovecha para hacer limpieza

Antes de comprar nada, merece la pena sacar lo que ya hay. Con dos criterios basta: ¿se la ha puesto este año? ¿está presentable de cuello y puños? Lo que lleve dos temporadas sin salir del armario no va a salir a la tercera.

Aquí también entra la lógica de guardar bien lo de invierno: los plumas y las prendas de lana, limpios y con espacio, no aplastados debajo de una maleta. Y si el chubasquero está pelado por las costuras, ese es el hueco real que hay que llenar, no el de la quinta sudadera.

Resumiendo: una prenda de gramaje medio, en color neutro, con hombro en su sitio y que cierre con un jersey debajo. Poco glamur y mucho uso, que es exactamente lo que se le pide a la ropa de esta época del año.

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