Guardar la ropa de invierno: revisión de armario paso a paso
El final del invierno es el mejor momento para revisar jerséis, abrigos y botas antes de guardarlos. Así llegan al año siguiente en condiciones.
Llega ese momento en que el abrigo grueso ya no hace falta todos los días y los jerséis de lana empiezan a sobrar por las tardes. Guardarlos de cualquier manera en una bolsa al fondo del altillo es la forma más rápida de encontrarlos el año que viene con bolitas, cercos y algún agujero misterioso. Media tarde bien invertida ahora te ahorra bastante dinero en noviembre.
Primero saca todo y divide en cuatro montones
No empieces guardando: empieza vaciando. Saca de los cajones y de la barra todo lo de invierno y móntate cuatro pilas sobre la cama:
- Se queda y se guarda: lo que te has puesto este invierno y está en buen estado.
- Necesita arreglo: cremalleras que se atascan, botones que faltan, bajos descosidos, un pequeño agujero de polilla.
- Se va: lo que no te has puesto ni una vez, lo que te queda mal de verdad, lo que ya está para trapos.
- No lo tengo claro: la pila trampa. Déjala para el final y sé sincera.
Con la pila de dudas, un truco sencillo: si no te lo has puesto en dos inviernos seguidos y no es una prenda de ocasión (un abrigo de fiesta, por ejemplo), lo más probable es que tampoco te lo pongas el próximo. No hace falta tirar nada a la basura: ropa en buen estado se dona, se vende de segunda mano o se pasa a quien la vaya a usar. Lo que está roto y manchado, a los contenedores de recogida textil.
Todo se guarda limpio, sin excepciones
Esta es la regla que más se salta y la que más disgustos da. Las manchas invisibles (sudor, restos de desodorante, perfume, comida) se oxidan durante los meses de almacenaje y aparecen en septiembre convertidas en cercos amarillos imposibles. Además, las polillas van a la lana con restos orgánicos, no a la lana limpia.
Lava o lleva a la tintorería todo antes de guardar, incluidos los abrigos que solo te has puesto por encima. Con el punto, mejor a mano o en programa lana con agua fría y un jabón suave, y secado en horizontal sobre una toalla, nunca en percha ni colgado, que se descuelga y pierde la forma. Y asegúrate de que está completamente seco: una prenda con algo de humedad guardada en una caja acaba oliendo a cerrado.
Aprovecha para quitar las bolitas
Los jerséis con pilling parecen viejos aunque estén enteros. Se soluciona en unos minutos con una quitapelusas eléctrica, con una piedra pómez específica para tejidos o pasando una cuchilla con mucho cuidado, siempre sobre la prenda estirada en plano. Hazlo antes de guardar y el año que viene el jersey te parecerá otro.
Cómo guardarlos para que no se destrocen
- El punto, doblado. Los jerséis y las rebecas de lana colgados se deforman por los hombros. Dóblalos y apílalos, con los más pesados abajo.
- Los abrigos, colgados y con espacio. En perchas anchas, de madera o acolchadas, nunca de alambre. Si los aprietas, salen con arrugas marcadas en las mangas.
- Nada de bolsas de plástico ni de vacío para lana y prendas de pluma. El plástico no transpira, retiene la humedad y puede dejar olor. Mejor fundas de tela transpirables, cajas de cartón o de tela, o incluso una sábana vieja cosida por los lados.
- Sitio seco y sin luz directa. Los altillos suelen ir bien; los trasteros húmedos y los garajes, mal.
Antipolillas sin que huela a naftalina
Funcionan bien las bolsitas de lavanda seca, las láminas o bolas de madera de cedro (conviene lijarlas un poco cada temporada para que recuperen el aroma) y los sacos de tela bien cerrados. Repasa las cajas a mitad de verano: si ves polvillo o agujeros nuevos, saca todo, lava a la temperatura más alta que admita la prenda y limpia el interior del armario.
El calzado y los complementos también cuentan
Las botas se guardan limpias, con el cuero hidratado y rellenas con papel o con hormas para que las cañas no se doblen. Nunca dentro de bolsas de plástico. Los guantes de piel, planos y sin apretar; las bufandas y gorros de lana, dobladas junto al punto, no arrugadas en un cajón. Y si un par de botas te destroza los pies desde el primer día, no lo guardes con la esperanza de que el año que viene sea distinto.
Termina con la lista de lo que te falta
Antes de cerrar las cajas, apunta en el móvil qué has echado en falta este invierno: un jersey de cuello alto neutro, un abrigo de media estación, botas de agua decentes. En pleno verano encontrarás esas cosas de saldo, y en noviembre no comprarás a lo loco lo primero que veas. Apunta también lo que te ha sobrado: es la mejor pista para no repetir compra.
Y una última cosa: no lo guardes todo de golpe. Deja a mano un jersey de media manga, una chaqueta y un abrigo ligero, porque el frío suele volver un par de veces más antes de irse del todo.