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Radiación del móvil: qué se sabe, qué no, y qué medidas tienen sentido

Es radiación no ionizante y los organismos internacionales no han establecido daño a los niveles de uso normal. Aun así hay medidas razonables si quieres reducir exposición.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Radiación del móvil: qué se sabe, qué no, y qué medidas tienen sentido
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Es un tema donde circula mucha información de calidad muy desigual, así que conviene empezar por lo que hay establecido y separar bien lo que se sabe de lo que se teme.

Qué tipo de radiación es

Los móviles emiten radiofrecuencia, que es radiación no ionizante. La diferencia con la ionizante —rayos X, radiación nuclear— no es de grado, es de naturaleza: la ionizante tiene energía suficiente para arrancar electrones y dañar directamente el ADN; la no ionizante, no.

El único efecto biológico establecido de la radiofrecuencia a los niveles de los móviles es un ligero calentamiento local de los tejidos. Los límites regulatorios se fijan precisamente con un amplio margen por debajo del punto donde ese calentamiento sería relevante.

Qué dicen los organismos

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasificó los campos de radiofrecuencia en el Grupo 2B, «posiblemente carcinógenos». Esa categoría significa que hay alguna evidencia limitada que no permite descartar el riesgo, y en ella conviven cosas muy distintas.

Los grandes estudios epidemiológicos —Interphone, el estudio danés de cohortes, y las series temporales de incidencia de tumores cerebrales— no han encontrado un aumento de tumores atribuible al uso de móviles, pese a que el uso se ha multiplicado enormemente en veinte años. La OMS mantiene que no se han establecido efectos adversos para la salud por la exposición a los niveles habituales.

Lo honesto es decir que la evidencia disponible es tranquilizadora y que el seguimiento continúa, sobre todo para el uso muy intensivo iniciado en la infancia, donde hay menos datos a largo plazo.

El SAR

Es la tasa de absorción específica: cuánta energía absorbe el cuerpo por kilo de tejido. En la Unión Europea el límite para la cabeza es de 2 W/kg. Todos los móviles a la venta lo cumplen, y el valor concreto de cada modelo aparece en su ficha técnica.

Comparar SAR entre modelos tiene un valor limitado: se mide en condiciones de máxima potencia, que casi nunca se dan en uso real.

Medidas que sí reducen exposición

Si aun así prefieres reducirla, estas son las que tienen efecto real, porque la exposición cae muy rápido con la distancia:

  • Usa manos libres o auriculares. Es la medida más eficaz con diferencia. Unos auriculares con micrófono alejan la antena de la cabeza en las llamadas largas.
  • Escribe en lugar de llamar cuando puedas.
  • No lo lleves pegado al cuerpo. Los propios fabricantes especifican una distancia mínima de separación en sus manuales legales.
  • Evita hablar con mala cobertura —ascensores, sótanos, coche en movimiento—: con poca señal el teléfono emite a más potencia para conectar.
  • Fuera de la almohada por la noche. Y aquí el motivo principal no es la radiación, es el sueño: la luz y las notificaciones lo fragmentan.

Lo que no funciona

Las pegatinas, chips y fundas «antirradiación» que se venden por internet no tienen respaldo. Algunas incluso empeoran las cosas: si bloquean parcialmente la antena, el teléfono sube la potencia de emisión para compensar.

El riesgo que sí está demostrado

Conviene ponerlo en perspectiva. Los efectos del móvil sobre la salud con evidencia sólida no tienen que ver con la radiación: son el uso al volante, la alteración del sueño, el sedentarismo y las molestias cervicales por mirar la pantalla. Ahí es donde está el margen de mejora real.

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