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Ocio y Viajes

Viajar sola: lo que de verdad hay que preparar

Ni miedo ni imprudencia. Qué elegir como destino la primera vez, qué dejar organizado y las rutinas que se convierten en automáticas.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Viajera sola explorando una ciudad
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Viajar sola es una de las experiencias que más recomienda quien lo ha hecho, y la primera vez impone. Con algo de preparación, la mayoría de los miedos se reducen a logística.

El destino de la primera vez

Para empezar, conviene elegir bien:

  • Buen transporte público, para no depender de taxis nocturnos.
  • Idioma que manejes, o al menos alfabeto latino.
  • Ciudades caminables y con vida en la calle.
  • Con tradición de viajera en solitario: hay destinos donde es tan común que la infraestructura está pensada para ello.

Portugal, Países Bajos, Japón, Escocia o la propia España funcionan muy bien como primer viaje. Deja para más adelante los destinos que exigen más precauciones.

El alojamiento

Es lo que más cambia la experiencia:

  • Zona céntrica y bien comunicada, aunque cueste algo más. Ahorra taxis y vuelve a pie.
  • Lee las reseñas de otras mujeres que fueron solas: mencionan cosas que las demás no.
  • Recepción 24 horas si llegas de noche.
  • Los albergues con habitación femenina son buena opción y además facilitan conocer gente.

Antes de salir

  • Deja el itinerario a alguien de confianza: alojamientos, vuelos, y avisa si cambias de plan.
  • Comparte la ubicación en tiempo real con esa persona.
  • Copias de la documentación: una digital en la nube y una en papel, guardada aparte del original.
  • Seguro de viaje. Dentro de la UE, la Tarjeta Sanitaria Europea; fuera, seguro con cobertura médica amplia.
  • Regístrate en el Registro de Viajeros del Ministerio de Asuntos Exteriores si sales de Europa.
  • Guarda el teléfono del consulado español en el destino.

Las rutinas que se vuelven automáticas

No son manías: son costumbres que quien viaja sola adopta y deja de pensar:

  • Llegar de día a un sitio nuevo siempre que se pueda.
  • Saber cómo se llega al alojamiento antes de aterrizar.
  • Seguridad en el móvil: batería cargada, batería externa, y el número de emergencias local guardado. En toda la UE, el 112.
  • No exhibir objetos de valor ni cantidades de efectivo.
  • Dinero repartido en dos sitios distintos.
  • Confiar en la sensación. Si un sitio o una persona te da mala espina, te vas. No hace falta justificarlo ni ser educada.
  • En el hotel, pedir que no digan tu número de habitación en voz alta.
  • Copa a la vista siempre; si la pierdes de vista, se pide otra.

Comer sola

Es lo que más incomoda al principio y lo que antes se supera. Lo que ayuda: mesas en la barra, terrazas, sitios con ambiente, ir con un libro. Y a mediodía, que es más fácil que de noche.

Al cabo de dos días deja de tener importancia.

La soledad

Hay momentos —normalmente al atardecer— en que se nota. Es normal y pasa. Ayuda tener algo planeado para esas horas, hablar con alguien de casa, o apuntarse a una actividad de grupo: un free tour, una clase de cocina, una excursión.

Y un cuaderno para escribir. Suena antiguo y es de lo que mejor funciona: ordena el día y da algo que hacer en la mesa.

Lo que se gana

Decidir sin negociar, cambiar de plan sobre la marcha, hablar con más gente —viajando sola se conoce a mucha más—, y la confianza de haber resuelto sola una ciudad desconocida. Eso último se lleva a casa.

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