Viajar sola: lo que de verdad hay que preparar
Ni miedo ni imprudencia. Qué elegir como destino la primera vez, qué dejar organizado y las rutinas que se convierten en automáticas.
Viajar sola es una de las experiencias que más recomienda quien lo ha hecho, y la primera vez impone. Con algo de preparación, la mayoría de los miedos se reducen a logística.
El destino de la primera vez
Para empezar, conviene elegir bien:
- Buen transporte público, para no depender de taxis nocturnos.
- Idioma que manejes, o al menos alfabeto latino.
- Ciudades caminables y con vida en la calle.
- Con tradición de viajera en solitario: hay destinos donde es tan común que la infraestructura está pensada para ello.
Portugal, Países Bajos, Japón, Escocia o la propia España funcionan muy bien como primer viaje. Deja para más adelante los destinos que exigen más precauciones.
El alojamiento
Es lo que más cambia la experiencia:
- Zona céntrica y bien comunicada, aunque cueste algo más. Ahorra taxis y vuelve a pie.
- Lee las reseñas de otras mujeres que fueron solas: mencionan cosas que las demás no.
- Recepción 24 horas si llegas de noche.
- Los albergues con habitación femenina son buena opción y además facilitan conocer gente.
Antes de salir
- Deja el itinerario a alguien de confianza: alojamientos, vuelos, y avisa si cambias de plan.
- Comparte la ubicación en tiempo real con esa persona.
- Copias de la documentación: una digital en la nube y una en papel, guardada aparte del original.
- Seguro de viaje. Dentro de la UE, la Tarjeta Sanitaria Europea; fuera, seguro con cobertura médica amplia.
- Regístrate en el Registro de Viajeros del Ministerio de Asuntos Exteriores si sales de Europa.
- Guarda el teléfono del consulado español en el destino.
Las rutinas que se vuelven automáticas
No son manías: son costumbres que quien viaja sola adopta y deja de pensar:
- Llegar de día a un sitio nuevo siempre que se pueda.
- Saber cómo se llega al alojamiento antes de aterrizar.
- Seguridad en el móvil: batería cargada, batería externa, y el número de emergencias local guardado. En toda la UE, el 112.
- No exhibir objetos de valor ni cantidades de efectivo.
- Dinero repartido en dos sitios distintos.
- Confiar en la sensación. Si un sitio o una persona te da mala espina, te vas. No hace falta justificarlo ni ser educada.
- En el hotel, pedir que no digan tu número de habitación en voz alta.
- Copa a la vista siempre; si la pierdes de vista, se pide otra.
Comer sola
Es lo que más incomoda al principio y lo que antes se supera. Lo que ayuda: mesas en la barra, terrazas, sitios con ambiente, ir con un libro. Y a mediodía, que es más fácil que de noche.
Al cabo de dos días deja de tener importancia.
La soledad
Hay momentos —normalmente al atardecer— en que se nota. Es normal y pasa. Ayuda tener algo planeado para esas horas, hablar con alguien de casa, o apuntarse a una actividad de grupo: un free tour, una clase de cocina, una excursión.
Y un cuaderno para escribir. Suena antiguo y es de lo que mejor funciona: ordena el día y da algo que hacer en la mesa.
Lo que se gana
Decidir sin negociar, cambiar de plan sobre la marcha, hablar con más gente —viajando sola se conoce a mucha más—, y la confianza de haber resuelto sola una ciudad desconocida. Eso último se lleva a casa.