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Ocio y Viajes

Conducir de noche en carretera: por qué cansa tanto

De madrugada el riesgo de accidente se multiplica. Cómo preparar un viaje nocturno y qué hacer con el deslumbramiento.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Conducción nocturna en carretera
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Salir de noche para evitar atascos y calor tiene sentido. También tiene un coste: de noche se conduce peor, aunque uno no lo note, y esa última parte es la peligrosa.

Por qué se ve mucho menos

Con luz de cruce el alcance de visión es de unos 50-60 metros. A 100 km/h se recorren casi 28 metros por segundo, así que el margen para reaccionar ante un obstáculo es de apenas dos segundos.

Además, de noche se pierde percepción de profundidad y de color, y la visión periférica se reduce. Calcular la velocidad y la distancia de otro vehículo se vuelve bastante más difícil.

Las horas peligrosas

El ritmo circadiano tiene dos valles de somnolencia: entre las 3 y las 6 de la madrugada —el más profundo— y a media tarde.

La franja de madrugada concentra una proporción de accidentes muy superior al tráfico que circula por ella. Si el viaje puede empezar a las cinco de la mañana en lugar de a las dos, es una decisión de seguridad, no de comodidad.

La fatiga engaña

Este es el punto clave: el conductor somnoliento no percibe bien su propio estado. La sensación de «aguanto» es poco fiable.

Señales que sí sirven:

  • Parpadeo frecuente, escozor de ojos.
  • Bostezos repetidos.
  • No recordar los últimos kilómetros. Esto ya es una microcabezada.
  • Invadir la línea o hacer correcciones bruscas.
  • Dificultad para mantener la velocidad constante.

Ante cualquiera de ellas, se para. No se baja la ventanilla ni se sube la música: eso no revierte nada, solo hace que uno se sienta despierto durante un rato.

Lo que sí funciona contra el sueño

Una sola cosa: dormir. Veinte minutos en un área de servicio segura recuperan bastante.

Y el truco combinado que mejor funciona: un café y a continuación la siesta de 20 minutos. La cafeína tarda unos 20-30 minutos en hacer efecto, así que se despierta justo cuando empieza a actuar.

Preparar el viaje

  • Dormir bien la noche anterior. Salir de noche después de un día completo de trabajo es exactamente lo contrario.
  • Parar cada dos horas o cada 200 kilómetros, aunque uno se encuentre bien.
  • Turnarse si hay dos conductores.
  • Cena ligera. Una comida copiosa aumenta mucho la somnolencia.
  • Nada de alcohol, evidentemente, y ojo con los medicamentos: muchos antihistamínicos, relajantes musculares y ansiolíticos producen somnolencia. El pictograma del triángulo rojo en la caja lo indica.

El coche

  • Parabrisas limpio por dentro y por fuera. La película interior de suciedad es la principal causa de deslumbramiento y de halos. Se nota muchísimo.
  • Faros limpios y bien reglados. Unos faros desajustados alumbran mal y deslumbran a los demás.
  • Escobillas en buen estado.
  • Luces de largo alcance siempre que no haya nadie delante ni de frente. Se usan menos de lo que se debería.

El deslumbramiento

Cuando viene un coche de frente con luces largas, la reacción correcta es mirar al margen derecho de la calzada y usarlo como referencia, sin mirar de frente a los faros y sin frenar bruscamente.

Se puede hacer una ráfaga corta para avisar. Lo que no hay que hacer nunca es responder poniendo las largas: entonces hay dos conductores deslumbrados.

Las gafas «de conducción nocturna» de lente amarilla no están respaldadas: reducen la cantidad de luz que entra y, por tanto, empeoran la visión nocturna. Si hay deslumbramiento excesivo de forma habitual, lo que procede es una revisión de la vista: puede haber cataratas incipientes o necesidad de graduación con tratamiento antirreflejante.

Si hay que parar en la carretera

Fuera de la calzada siempre que sea posible, luces de emergencia, chaleco reflectante puesto antes de salir del coche, y salir por el lado contrario al tráfico. Los ocupantes, detrás de la barrera de protección, nunca dentro del coche ni en el arcén.

Y para señalizar, la baliza V-16 conectada es ya obligatoria en sustitución de los triángulos: se coloca en el techo sin bajarse a la calzada, que era justo lo peligroso de los triángulos.

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